Léelo hasta el final
Había una vez un hombre, pastor de una pequeña iglesia.
Una mañana de Domingo de Pascua llegó a la iglesia llevando con él una jaula para pájaros oxidada, doblada y vieja y la puso en el púlpito.
Las cejas se elevaron y como respuesta el pastor dijo: "Ayer, caminando por el pueblo vi a un muchacho que venía a mi encuentro columpiando esta jaula para pájaros. Al fondo de la jaula había tres pajaritos temblando de frío y de miedo.
Me paré y pregunté: qué llevas ahí hijo? -Solamente estos pájaros viejos –contestó el muchacho.
-Qué vas a hacer con ellos" -pregunté.
-Los llevaré a casa y me divertiré con ellos –contestó de nuevo el chaval. Los voy a molestar y a arrancarles las plumas para hacerlos pelear entre sí.
Me voy a divertir mucho.
-Pero tarde o temprano te vas a aburrir de esos pájaros y cuando eso sea, ¿Que vas a hacer?
-Ah, tengo algunos gatos -dijo el muchacho. Se los llevaré a ellos.
El pastor hizo silencio por un momento y luego dijo: -¿Cuánto quieres por esos pájaros hijo? -Eh... ¿Por qué?, Usted no los quiere señor. Son solamente viejos pajarracos. No
cantan, ni siquiera son bonitos.
-¿Cuánto? -preguntó nuevamente el pastor.
El muchacho midió al pastor para ver si estaba loco y dijo: -¿Le parecen $10.00? -el pastor se metió la mano en el bolsillo y sacó un billete de $10.00 y lo colocó en la mano del muchacho.
En un segundo, el muchacho se había ido.
El pastor recogió la jaula y suavemente la llevó hasta el final del valle, donde había un árbol y un lugar con césped. Poniendo la jaula en el suelo, le abrió la puerta, y con un suave toque en los barrotes, hizo que los pájaros salieran, liberándolos.
Bien, eso explicaba la jaula vacía encima del púlpito y el pastor empezó a contarles esta otra historia: Un día Satanás y Jesús estaban conversando. Satanás acababa de ir al Jardín del Edén, y estaba mofándose y riéndose diciendo: -Si Señor. Acabo de apoderarme del mundo lleno de gente de allá abajo. Les tendí una trampa, usé cebo que sabia que no podrían resistir. Cayeron todos!
-¿Que vas a hacer con ellos? -preguntó Jesús.
-Ah, me voy a divertir con ellos -respondió Satanás. Les enseñaré como casarse y a divorciarse, como odiar y abusar uno del otro, a beber y fumar y por supuesto, les enseñaré a inventar armas y bombas para que se destruyan entre sí.
¡Realmente me voy a divertir!
-¿Y qué harás cuando te canses de ellos? -le preguntó Jesús.
-¡Ah! Los mataré -dijo Satanás con la mirada llena de odio y orgullo.
-¿Cuánto quieres por ellos? -preguntó Jesús.
¡Ah! Tú no quieres a esa gente. Ellos no son buenos. ¿Por qué los querrías. Tú los tomas y ellos te odian. Escupirán a tu rostro, te maldecirán y te matarán. Tu no quieres a esa gente!!
-¿Cuánto? -preguntó nuevamente Jesús.
Satanás miró a Jesús y sarcásticamente y respondió:
-Toda tu sangre, tus lagrimas, y tu vida.
Jesús dijo: -HECHO! Y así fue como pagó el precio.
El pastor tomó su jaula. Se dirigió hasta la puerta, la abrió y se alejó.

